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A las 18, 30 se habla con PSOE e IU, quienes aconsejan entrar al final del pleno.
Un compañero de trabajo del Hospital de Guadarrama sabía de las “prácticas extrañas” en el Preventorio Dr Murillo.
José Luis Valvevira, de PSOE, se compromete a ayudar en lo posible. Al tomar la posesión del edificio la Guardia Civil, habría que averiguar los documentos que allí quedaron, y consultar al Ministerio del Interior y Asamblea de Madrid.
A las 21, 30 se entra al pleno Se expone, en primer lugar, la falta de respuesta. ¿Por qué se ofreció una moción para tratar el tema del Preventorio y no se ha cumplido?
CARMEN MARIA PEREZ DEL MOLINO PP-alcadesa : “ESTE AYUNTAMIENTO NO TIENE NADA QUE VER CON EL TEMA VAYAN USTEDES A PLANTEARLO A LA FISCALIA, NO LES CONSIENTO QUE DIGAN QUE AQUI SE HA MENTIDO” (a grito pelado y con absoluta preppotencia)
“VUELVO A REPETIR QUE ESTE ASUNTO NO TIENE NADA QUE VER CON EL PREVENTORIO, HAY ALGUN TEMA QUE TRATAR AJENO AL PREVENTORIO?” (sigue gritando)
Concejal del PP, dice :
” no contestamos porque estamos en contacto con las ciento y pico mujeres que trabajaron en el preventorio para darles una respuesta”..
OTRA PREGUNTA QUE NO SEA DEL TEMA” -insiste la Alcaldesa.
Chus Gil habla y la Alcaldesa, a gritos, tapa sus palabras.
PSOE dice que apoya las propuestas de estas mujeres ” Y HAREMOS LO POSIBLE PARA …”
Aplausos. La Alcaldesa grita de nuevo :” EN LOS PLENOS NO SE APLAUDE”
Chus Gil pregunta: “El  concejal PP,¿por qué se reúne con las 100 mujeres cuidadoras y no con nosotras?”
“SILENCIO EN LA SALA O SE LAS EXPULSA” grita la Alcaldesa.
Se prometió moción por parte del concejal del gobierno partido APPG expuesta por Miguel Angel Herrero tras reunión con los concejales. La alcaldesa, como loca, vocifera y no admite preguntas.

MAITE, YO NO TE OLVIDO

20120429134354-maite.jpgNo eras la única, pero sí la peor. Tu alma de gestapo no cabía en ese cuerpo -joven- cuando pegabas a las niñas del Preventorio Dr Murillo (Guadarrama), con el puño cerrado. Cuando confiscabas los juguetes y censurabas las cartas que escribían a sus familias para que no se supiera la verdad. Tus hábiles dictados internos han dejado una huella que permanece más de treinta años después. Maite, no te olvidan. Es imposible olvidarte. Sigues siendo aquella Cruela de Vil en el corazón de las niñas. Niñas que ya no lo son, y su paso por el Preventorio de Guadarrama ha marcado sus vidas de tal forma que permanece tu nombre tatuado en su existencia, a fuego, como la famosa Cruz de Lorena que se grababa en su piel, marcándolas para los restos. Señorita Maite, tenemos una carta para tí. Queremos hablar contigo, mirarte a los ojos, aunque sea un momento. Lo negarás todo, por supuesto. Pero veremos cómo sales airosa ante tantas y tantas mujeres que pasaron -nunca mejor dicho- por tus manos. ¿Por qué lo hacías, Maite, por qué?…¿Qué oscura necesidad había en tí para maltratar niñas de cuatro años?. ¿Te has casado, Maite? ¿Tienes hijos? . Si es así ¿Llevarías a tus hijos al Preventorio del Dr Murillo para que fueran cosidos a pinchazos, molidos a hostias, retratados desnudos en las duchas, obligados a comer su propio vómito,  orinar en tres segundos y en horas concretas, y defecar en diez?…¿Sabes cuántos taponamientos intestinales produjo ese sistema salvaje, digno de campo de concentración?. Vamos a dar una vuelta, Maite. Cualquier día, haga frío o calor. Somos muchas. Demasiadas. Siéntate con nosotras en un bar cualquiera de Guadarrama. Carga con este peso pesado que no se aparta de la memoria. Escúchanos. Asume el rencor que todavía pueda quedar, y matemos juntas el odio. Explícanos por qué, señorita Maite. Cara a cara.

1, 2, 3 …¿has hecho ya pis?

1,2,3,4,5,6,7,8,9….¿has defecado?

¿A que no puedes?. ¿Te duele el estómago, Maite?

Espero que recibas nuestra carta. Aquí la tienes, señorita:

 

 

http://youtu.be/sqWgpxGTbos

Las niñas del Preventorio Dr Murillo (Guadarrama) recuerdan con angustia aquel único vaso de agua diario que se les permitía beber.

La ingesta de pasta dentífrica refresca la boca. En busca de esa sensación algunas se la comían como supuesto alivio a la sed. Actualmente, el hecho se considera una nueva enfermedad del apetito llamada Síndrome de Pica, nombre de una especie urraca cuya costumbre recoge todos los elementos posibles para armar su nido.

Según Steffen Heger, psicoterapeuta de Colonia “La extraña enfermedad puede tener causas físicas, mentales e incluso culturales”.

Sobre el papel, todas ganaron peso. Salían del Preventorio con más kilos de los que entraron. Supuestamente famélicas, desnutridas y enfermas, o al borde de estarlo. En consecuencia, los informes médicos físicos siempre serían favorables. Los psíquicos brillaban por su ausencia. El trato vejatorio marcó a todas aquellas niñas para el resto de sus vidas. Incluso algunas que pasaron sólo meses en el Preventorio de Guadarrama, jamás han podido olvidarlo.

La “labor social” documentada, cumple todos los requisitos oficiales para justificar el asilo, tratamiento y cura a miles de niñas que fueron ingresadas procedentes de toda la geografía española. Existía un sistema que se entendió a todos los Preventorios nacionales. El de Aigues de Bussot, La Sabinosa, Mazarrón…testimonios tan similares como estremecedores.

-Viajes en tren hasta llegar a su destino, en los que eran obligados a permanecer en la misma postura, pegados unos a otros, hacinados en vagones de carga.

-Reclutamiento a golpe de pito en un enorme patio donde eran destinadas a las distintas salas de colores.

-Despojo de ropa y enseres personales. Corte de pelo casi al cero. Entrega de “uniforme” liviano en invierno que se utilizaría también en verano. Calzado de esparto. Bragas enormes atadas con cintas.

-Desinfección. Las internas eran obligadas a permanecer durante 24 horas rebozadas en unos polvos blancos y con una toalla en la cabeza.

-Las filas en las duchas, completamente desnudas, para ser introducidas de cuatro en cuatro bajo un chorro helado y a coscorrones. El individuo que actuaba como “fotógrafo” apartando a las más desarrolladas para ser retratadas.

-Bofetadas, patadas y palizas incluso por el simple hecho de mirar a los ojos de las cuidadoras durante un plazo de tiempo que se discurría como rebelión externa.

-Silencio absoluto a la hora de la siesta, sin poder moverse ni un milímetro. Cera caliente que se les echaba sobre las palmas de las manos como castigo, o quemar el trasero con cerillas cuando se orinaban en la cama.

-Correspondencia censurada para que no pudieran contar la realidad del trato recibido por las cuidadoras. Idéntica medida a la hora de las visitas.

-Comida repugnante que estaban obligadas a ingerir, puesto que en caso de vomitarla, eran forzadas a comer sus propios residuos ante todas las demás.

-Requisa de alimentos o regalos de familiares que nunca se devolvían.

Posiblemente nos encontremos ante una forma de holocausto español. Posiblemente se haya ignorado porque no hubo muertos. Por ello es la causa de los vivos.

 
 

Lo que la verdad esconde delata vuestros rostros. No es demasiado tarde. El pasado contiene ese ajuste de hechos necesario. Nos bordaron en rojo, ayer.

Presumen de inocentes. Ignoran lo acaecido en el Preventorio del Dr. Murillo. El Patronato Nacional Antituberculoso ya no existe. Los informes, tampoco. Algunas fotos hablan por sí mismas, sus víctimas, también.

Ha bastado una página para no ser pasada : Red social, tela de araña, sumario personal, bocas que no se callan.

Un pueblo atento, pendiente de los chivos expiatorios, radio macuto, patio, atajo de Caínes, vivos supervivientes.

-Ay, señorita, no me pegue usted más …

-Ay, señorita, que sé yo dónde está…

Te doy un poco más de tiempo : Maite, yo no te olvido. Ni a ti ni a ninguna. Ni siquiera a las “buenas”, cómplices de aquel mal. Vais a explicar por qué. Su cuándo y cómo, lo sabemos ya. Aceptad la afrenta, pues no queda otra. Ya no son niñas :

http://www.tomalatele.tv/web/?p=1698

Niñas de 4 a 16 años recibieron bofetadas, puñetazos y golpes por parte de las “cuidadoras”.

Eran colocadas en fila, completamente desnudas, el día de las duchas. Se las introducía de cuatro en cuatro, a coscorrones, y se las secaba con la misma toalla. Testimonios del Preventorio afirman la presencia de un individio que apartaba a las más desarrolladas para ser fotografiadas.

Apareció la policía en el Preventorio con una serie de fotografías de niñas desnudas. Las cuidadoras dieron sus intrucciones : No sabeis nada, no habeis visto nada.

Se les cortaba el pelo casi al cero. Eran “desinfectadas” con unos polvos blancos y debían permanecer la primera noche rebozadas en esos polvos.

Pinchazos constantes que no han sido justificados. ¿Se las utilizó como conejillos de indias?

Hoy, miles de mujeres que pasamos de niñas por el Preventorio Infantil de Guadarrama estamos esperando respuestas. ¿Por qué ese maltrato?

ImageSe les llamó Preventorios y fueron creados por iniciativa estatal, con la intención de prevenir enfermedades como la tuberculosis infantil. Estaban situados en el campo, aislados de todo y todos, como una fortaleza supuestamente saludable –físicamente hablando-. Los trámites para ingresar en el Preventorio del Doctor Murillo (Guadarrama) eran lentos, y en ocasiones se precisaban incluso influencias de falangistas para poder entrar. Como en tantos otros centros franquistas, se hablaba de internas, no de alumnas, puesto que no se impartía formación concreta de ningún tipo. A él acudían niñas de siete a doce años (aunque también las había de 5, 16 y 17) sin período definido de estancia, y aunque en su mayoría se trataba de hijas de familias desfavorecidas, tampoco ese concepto es generalizable, puesto que no estaba estipulado como tal, sino con la intención de prevenir el desarrollo o contracción de enfermedades contagiosas.

Todas salían de un lugar situado en la calle Andrés Mellado, y eran conducidas en grupo hasta la Sierra de Guadarrama.

Al llegar se les cortaba el pelo, eran despojadas de sus ropas y les entregaba un delantal junto con alpargatas de esparto que se ataban con cintas. De inmediato las rociaban con unos polvos blancos por todo el cuerpo, dejando una toalla en la cabeza durante la primera noche.

Eran abofeteadas por cualquier motivo: Hacer mal la cama, llorar, acordarse de sus padres,dejar comida en el plato o hablar durante la siesta. Si alguna se meaba en la cama, las cuidadoras (Sección Femenina) les acercaban una cerilla al trasero hasta quemarlas. Durante la noche, se las despertaba para ir al lavabo, tuvieran ganas o no. El papel higiénico estaba racionado y las horas para liberar esfínteres también: Es más, se contaba hasta tres, y en ese espacio había que evacuar, sólido o líquido, sin contar con la libertad mínima de acudir al servicio cuando se lo pedía el cuerpo. Muchas caían enfermas por cortes de digestión, falta de descanso, desórdenes alimenticios de origen psicosomático o taponamiento intestinal. Los castigos también llegaron a generar insolaciones cuando dejaban a las niñas expuestas al exterior durante horas en verano.

Las pinchaban día sí y día no, justificándolo como vacunas. Algunas ex internas recuerdan que les salió vello en los brazos, y tienen sus serias dudas de haber sido utilizadas como conejillos de indias.

Se duchaban un día a la semana. Completamente desnudas, las ponían en fila, tiritando de frío, bajo un escenario humillante. Todas se tapaban los pechos y el pubis, incluso las más pequeñas. Una cuidadora o bien alguna de las internas mayores, las frotaba con un estropajo y jabón lagarto bajo el chorro de agua helada. Contaban hasta diez, y no había más tiempo. Acto seguido, se secaban todas con la misma toalla.

Una ex interna recuerda el siguiente episodio:

…Para mí lo peor era el miedo generalizado, el silencio al que yo me autosemití (y nos sometían) para ser lo más invisible posible. De todos modos, muchas noches vi en la oscuridad cómo pegaban a una niña y se la llevaban a rastras desde su cama entre la cuidadora y dos niñas gemelas que eran las jefas de mi dormitorio. Siempre se llevaban a la misma niña, y esta niña se pasaba los dias llorando. Tenía el sueño flojo, además allí dormía poquísimo, pasaba las noches en vela, y me enteraba de todo. Siempre me he quedado con la pena por saber qué sucedía con esa niña y qué habrá sido de ella; si alguna vez la vida me diese la ocasión de hablar con ella se me quitaría una pena del corazón, pero no se cómo se llamaba. También vi cómo a una niña la castigaban por haber robado algo cubriéndole con cera de una vela, gota a gota, las manos; lo hicieron a la vista de todas y además nos llamaron para que fuésemos a presenciarlo cuando estábamos en las salas de la planta baja todas sueltas por allí”.

La comida era repugnante. Resultaba habitual encontrar gusanos paseándose entre el arroz o las lentejas. Durante la merienda, colocaban dos grandes sacos en el suelo : Uno de ellos con pan duro, y el otro con trozos de membrillo o chorizo, que en ocasiones también se encontraba agusanado. Aquellas que vomitaban, eran obligadas a comer su propio vómito delante de todas las demás, a modo de castigo-ejemplo castrador.

Las cartas que escribían a sus familiares, eran leídas por las cuidadoras, que tachaban todo aquello referente a los métodos del centro. Muchas de aquellas cartas nunca llegarían a su destino, puesto que se las rompían.

Los testimonios no varían con el paso de los años: De 1940 a 1975, idénticos métodos, maltrato psíquico y físico, mala alimentación, pinchazos constantes, duchas frías…

Permaneció en activo desde 1940 hasta 1975. Se cerró tras la muerte del dictador, y actualmente es una residencia de ancianos.

No es suficiente compartir el horror. El desconocimiento público de semejante campo de concentración absolutamente Hitleriano, constituye un agravio de por sí. Excepto los testimonios en foros y una página de facebook creada para tal efecto, no se encuentra artículo, tesis, trabajo o investigación sobre la memoria histórica que mencione al Preventorio del Doctor Murillo. Sólo las afectadas hablan. Miles de niñas que provenían de toda la geografía española, padecieron semejante infierno. Años más tarde, algunas intentaron denunciar, pero no se hizo posible. Vivieron muertas de miedo y deseando no despertar por la mañana, hora en que una cuidadora les metía la cabeza en el agua, sus manos en las orejas, rascando como animales, para después pasar a un desayuno asqueroso en el que la leche en polvo provocaba arcadas.

Nadie ha sido juzgado por ello. ¿Dónde están esas cuidadoras?…¿Quién designó los métodos?

¿Qué eran esos pinchazos constantes?…¿Dónde están los informes médicos?…Las señoritas de la Sección Femenina se paseaban por los colegios dando maravillosas charlas sobre ese Preventorio, como si de un privilegio se tratara poder pasar una temporada en él, respirando aire puro y jugando al diábolo. Pero ninguna de todas aquellas criaturas ha podido olvidar lo que les hicieron. No lo olvidemos nosotros. Aquel que olvida la historia, está condenado a repetirla.

Consuelo G del Cid Guerra

www.tenemoslapalabra.com

publicado el 26 de Septiembre de 2011

 

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